
lunes, 30 de noviembre de 2009
sábado, 21 de noviembre de 2009
Demasiado tarde para recapacitar...
Se levanta esa sombra del pasado, de ese ayer en que yo era otro, en que el mundo era distinto porque mis ojos no eran los mismos de hoy, no pertenecen a la misma persona, pero este hoy que nombro, este que ahora presume una estampa distinta ha cometido la equivocación de volver a mirar atrás, hacia aquel lejano ayer de los desvelos, de las amargas mieles, de los fantasmas, de los perdidos y miserablemente añorados placeres, a esos arcaicos amaneceres de la ingenuidad y el miedo, hoy deshonrosas. Esta y todas las resurrecciones terminan siendo de mi responsabilidad, que con todo y la “nueva estampa” de la que me jacto, sigo siendo imbécil, defecto y virtud, pobreza y grandeza, olvido e invocación. Los fantasmas vuelven cuando más nos empeñamos en olvidarlos, porque es cuando más los recordamos.
Otro “descanse en paz” se ha postergado, de mi boca las moscas, de mis manos los gusanos, de mi pecho los exhaustos latidos, de mis venas el vapor de sangre, de mis ojos la indiscreción, de mi alma un lastre inherente a las alas. Ahora mismo es demasiado tarde para recapacitar…

sábado, 17 de octubre de 2009
Impronunciable
Este es el nombre del hombre sin suerte, el nombre de la diosa sin alma, el apodo del poeta que jamás escribe, la frase de la anciana sin lengua y el sonido del humo que se diluye en la atmósfera. Este es un canto sin ritmo y una iglesia sin Dios, es el fetiche del asceta y la virtud del carcelario. Es la mano del pirata del garfio y las alas de la oruga. En estas letras el grande cae al suelo, entre estos renglones las flores crecen bajo tierra y los culos se mojan en agua bendita. Esta es la esencia del lobo acechado, la runa que presagia la eternidad, un rostro sin ojos, un niño que mata a su madre. Entre las letras se ven las callejuelas vacìas de memoria y los vapores de la industria funeraria.
Este es el nombre de una quimera jugando a existir, el nombre de una flama en el vacìo interestelar. Este es el alias de la desgracia y la fortuna, es la sentencia del racimo podrido de uvas. Una vez pronunciado Pandora resucita del mito. Es la palabra que hiela el 'ello' de Freud, el chchillo del asesino, el arma del hombre inocente, una mordida letal del verbo hecho araña, el funeral del verdugo, el manto de una monja levitante, una blasfemia para mi madre, un rezo para el hereje.
Estas son las trenzas del tiempo, las rosas que matan, los fantasmas que cantan, el amante que comete suicidio.
Este es el nombre que marca las entrañas del extranjero. Estos son los tentáculos que hunden las letras en el abismo. Estos son los renglones que se agrietan, el tatuaje en la espalda de la esclava virgen, la moneda en el aire, el sombrero de ala ancha abanonado en el parque, el mimo que clava sus manos en el tercer acto, la zebra en la quinta avenida, el truco del mago sin talento, los zapatos de Van Gogh, un grito que no hace eco.
Esto es impronunciable.
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Parusía para las ratas

jueves, 10 de septiembre de 2009
El que no hace sombra

Creo que es posible, creo que puedo hacerlo, ser invisible, ser inexistente sin morir en el intento. Pero solo creo, pero solo es mi imaginación, una mala broma, como todo, una burla macabra, un juego insano, un chiste de mal gusto, una de esas bromas en las que al final alguien sale herido, y muere la esperanza de redención. Estoy cansado de pretender que me hace gracia, hastiado de ese humor cáustico, de ese agrio sarcasmo, de esa jugada amañada que me veo obligado a seguir por que es a lo único que se juega. Pero aún me sorprende cuánto puedo aguantar, cuanto he resistido hasta ahora, los embates del hastío, los círculos infinitos, y aunque sé que puedo soportar ad nauseam, mis rodillas flaquean, caigo, y lo que soy, lo que he sido, lo que habré de hacer de mí, pesa más que nunca.
Que ganas de no existir, de que mi nombre sea borrado, de no ser googleable. Que ansias de arrancarle a todos mi rostro de sus memorias, y arrancar de la mía propia la imagen del mundo, de olvidar y ser olvidado, de ser solo un suspiro fugas, un mal sueño del cual despertar, una de esas palabras que aún nadie inventa. Un significado sin significante.
No nos pertenecemos a nosotros, sino a lo que hemos creado, a los castillos de naipes erigidos por los demás y por nosotros mismos sobre nuestros nombres, somos fieles a una quimera, a una mentira con rostro, con nombre, con nuestro rostro, con nuestro nombre y a ese disfraz le otorgamos nuestra lealtad. Damos parte de nosotros por proteger las máscaras con que nos presentamos, defendemos sueños enraizados en nuestros espíritus, somos zombies que aprendieron a sonreír, somos mercancía en un mostrador, vendemos confianza, lealtad, simpatía, consuelo, cariño, empatía, e incluso, ponemos a la venta miedo, desvergüenza, desfachatez, sinceridad brutal, desprecio, arrogancia y la lista podría continuar. No somos libres, pero las cadenas son cómodas.
Véndeme tu alma, el precio justo, sin juicio ni condena.
Que ganas de ser libre de una identidad.
sábado, 15 de agosto de 2009
Vaso (de Leopoldo María Panero)
Wakefield, quien por una broma
Hablamos para nada, con palabras que caen
“El que no ve” 1980
domingo, 26 de julio de 2009
Humo de madrugada

De pronto estoy en unas gradas y una conversación obstruye mis vías respiratorias apretujándome el pecho. En un balcón las miradas danzan inundadas en el alcohol de la madrugada buscando historias con desesperación y sutileza. Cuando bestias infernales caen bajo el poder de mi gatillo sonrío con maliciosa satisfacción. De pronto estoy en un puente a la luz de una farola, los coches bajo nuestros pies parecen impávidos pero nosotros rediseñamos la verdad, le damos rostros nuevos al drama y la sangre surge de nuestras palabras vibrantes y lozanas. El puerto sucumbe humilde ante mi mirada desde la altura en que lo contemplo sobre los rostros de ilustres por poco anónimos. En el momento antes de la cicatriz un beso apaga mis palabras y lubrican la futura herida. El mar de noche moja mis pies luego de sacar la arena de mis zapatos y arrancarle los aterciopelados pétalos a una rosa. Y cuando me doy cuenta cuatro amaneceres nos han descubierto ya, con nuestras venas inundadas en cafeína y nuestros espíritus desplegados. “Solo hay víctimas y victimarios” dejan escapar esos labios crueles, certeros e insospechados.
Perdón si hablo en clave, pero es el único modo en que me doy cuenta de mis pensamientos. Y es a estos y más lugares y momentos a los que el aroma de mi tabaco me transporta. A ese el mundo real, la vida detrás y delante de mi sombra, la sombra en la estoy convirtiéndome, la sombra que a veces anhelo ser, solo a veces. Y siento una alegría profunda, pero pronto tomo conciencia de mi claustro y esa alegría se transforma en una especie de contenta melancolía, una nostalgia de la que si se puede vislumbrar el final.

La evocación termina cuando arrojo la colilla casi con la esperanza de provocar un incendio, pero pronto se consume inofensiva. Por alguna razón la oscuridad debajo de los árboles parece más amenazante. La tierra y guijarros tibios se dejan sentir bajo mis pies al andar. Toda vía quedan reminiscencias del sahumerio que ha dejado el cigarrillo en el aire. La constelación anónima comienza a quedar parcialmente eclipsada por una nube transitoria. Aún no deja de sorprenderme el modo en que el aroma y el sabor de un añorado cigarro destaparon mis pensamientos de pronto cual represa rota. Ansío volver a esos días y recuperar esas sensaciones, pero se que el tiempo ha pasado y que de algún modo, que casi parece predeterminado, las cosas van a peor. Al final todo se convierte en humo, tal vez sea por ello que se evoca a través de este humo que me atraviesa.
