martes, 5 de julio de 2016

Don't Hug Me I'm Scared - Las marionetas y el terror existencial

Hoy quiero hablar de algo que me topé hace ya algunos meses y que la semana pasada pareció llegar a su fin. Una serie de videos conocida como "Don't hug me I'm scared. Ya gozan de moderada fama en internet. Y quisiera utilizar este ya prácticamente abandonado espacio para hablar de lo que esta saga despierta en mí.
Como se ve, dando por hecho que ya se han visto, son videos algo inquietantes que dejan mucho pie a la interpretación. Deconstruyen conceptos y provocan confusión y hasta cierto terror. Tortura personajes ficticios mientras nos provoca a nosotros el cuestionarnos no sólo las motivaciones de los personajes sino también de los creadores y en última instancia las nuestras propias, al señalarnos que lo que creemos sobre ciertas cosas podrían no ser tan correctas o tan inofensivas como solemos pensar.
Tal vez la creatividad puede dar lugar a escalofriantes obras y puede llegar a cegar nuestra objetividad. Tal vez estamos desperdiciando el tiempo en actividades mundanas y repetitivas sólo para esperar la inexorable muerte. Tal vez el amor resulta más destructivo que placentero. Quizá suceda que la vida virtual succiona y socava nuestra vida real. Puede que tratemos de distraernos en cosas que no nos benefician que en verdaderamente nutrir nuestro cuerpo, o nuestro espíritu. Y al final todo aquello que soñamos, todos nuestros anhelos se mueren y dan lugar a pesadillas vívidas y a la perpetua monotonía que nos va pudriendo desde dentro. Para descubrir que todo es un sueño. Que nada es real. Que nada importa realmente. Y que aún así, hagamos lo que hagamos, decidamos lo que decidamos, no importa cuántas lecciones hayamos aprendido, no existe escapatoria alguna.
Tal vez todo es un chiste sin sentido. Somos personajes de peluche que luchan inútilmente por escapar de este montaje que es la realidad. Así que... sólo nos queda formar parte de la puesta en escena... y cumplir nuestro papel... so pena de perder la razón.
O quizá eso fue lo que pude interpretar como intención de los videos. Quizá los videos sólo querían contar una historia superficial y pretender profundidad y todo ello es en realidad lo que yo quise ver. Lo que mi cansado y apático punto de vista pudo mostrar. ¿Soy un chiste que nadie entiende? ¿Un pobre muñeco arrojado a las fauces de la rabiosa realidad? ¿No lo somos todos? Niños asustados, cantando canciones sin sentido que pretenden resumir la vida y enseñarnos sobre cosas que no queremos aprender, que nos resistimos a aprender. Nos abandonamos al olvido. Ahí estamos seguros. O eso creemos. Olvidar no es una opción. No hay salida. No se puede escapar de lo que somos, de lo que son todas las personas.
En fin. Los videos, obviamente los recomiendo. Quizá no a todos les deje la misma sensación que provocaron en mí. Pero así soy yo. Aquí estoy yo. Hablando solo una vez más. ¿Volveré a escribir aquí? No sé...
En otras noticias... quiero una máscara como la del personaje Rojo
"I wonder what would happen"

martes, 8 de julio de 2014

Si volara no miraría al cielo...

Anteayer soñé que volaba, me desprendía del sueño como cosa liviana flotando en las nítidas aguas de un estanque. Solo levantaba mis plantas y mi cuerpo suspendido se movía como si nadara en un invisible líquido que me contenía, y que respondía a cada uno de mis movimientos. Extendía los brazos hacia adelante y los llevaba en un rápido movimiento hacia mi espalda y me impulsaba vertiginoso hacia el frente. Nadé por los aires durante todo el camino a casa. Me extasiaba la sensación de ingravidez, aunque no se sentía, definitivamente, como en el espacio, pues aún había abajo y arriba, y el arriba me atemorizaba demasiado. Lo veía tan profundo y ominoso. Una inmensa boca dispuesta a tragarme, tan descomunal que no alcanzaban a verse sus dientes. Por eso procuraba no elevarme demasiado y volar siempre a ras de suelo, sin voltear hacia arriba. Temía ser tragado por el cielo. 

martes, 20 de mayo de 2014

Laberinto

Me he perdido, no recuerdo de dónde vengo o hacia dónde se supone que me dirigía. Hay un pasillo muy largo y oscuro que se alarga en una sola dirección. No miro sino que más bien choco con una puerta frente a mí, es pesada y metálica. La empujo para abrirla, sorprendentemente cede a mi fuerza. Dentro hay un recinto en penumbra, intento buscar un switch para encender la luz, pero no hallo nada, aun así las luces se encienden.
-Gracias –Le digo a quien encendió la luz, me regresa un “por nada”.
Comenzamos a hablar acerca de lo que hay ahí. Ese lugar parece ser un bunquer construido con la intención de servir de protección en caso de guerra nuclear. Dentro, la decoración me transporta a inicios de los años sesentas.  Un eco de “La Naranja Mecánica” de Kubrick llega a mi mente. En un estante que ocupa toda la pared lateral descansa una invaluable colección de libros antiguos (más antiguos que los 60’s, sus empastados y su aroma me hacen pensar en el siglo XIX). Su sola visión me extasía. Algo en la atmósfera del lugar, quizá la sensación de falsa seguridad que ese lugar ofrece contra hipotéticas bombas atómicas, o tal vez sea tan solo la forma en la que está amueblado, decorado y aprovisionado el lugar que hace pensar que su constructor creía que viviría por siempre, no estoy seguro de cuál de estas cosas o ambas o ninguna me hicieron pensar de pronto en la fragilidad de la condición humana y en su estupidez. La gran libélula que me acompaña (¿venía conmigo o me la he encontrado ahí?) mueve su cabeza en un gesto de desaprobación.
-Tienen miedo, ¿sabes? –me dice en tono divertido.
-Lo sé –respondo- el miedo construyó este lugar.
Reflexionamos largo y tendido sobre cómo el miedo había sido una de las fuerzas más grandes que han forjado la civilización humana. Hablamos de cómo al final se destruirían entre sí e ideamos un método para salvar a la humanidad de sí mismos.
Contamos chistes, reímos a carcajadas, nuestras palabras son sagaces y agudas. Damos justo en el clavo de las situaciones, y ofrecemos nuevas perspectivas (generalmente irónicas y graciosas) sobre los distintos temas que tratamos. Recordamos viejos tiempos. Mi infancia, el día que conocí a esa libélula verde que habla conmigo. La reconozco como aquel amigo mágico de mi infancia. Y una duda me asalta de pronto.
-Tengo una duda –cambio de tema, pues en ese instante estábamos hablando de algo distinto, algo que tenía que ver con palabras que suenan parecidas –Yo de niño siempre te llamé “Mosca Verde”, pero, ¿cuál es tu nombre?
Me mira, hay un dejo de divertida condescendencia reflejada en sus ojos compuestos. Adivino en su pensamiento una expresión parecida a “Ay, humano tontito” (No comprendo cómo es que puedo ver en su rostro de insecto todas esas emociones, cómo se puede sonreír con mandíbulas en lugar de labios).
Me dice una sola palabra que yo entiendo como su nombre, en ese momento no le veo nada extraño a esa palabra. Fue como si me hubiese dicho “Andrés” o “Saúl” o algo así.
-Laberinto.

Continuamos charlando un poco más, no recuerdo los temas con exactitud, algo sobre reconocer intenciones ocultas. Un teléfono suena en el fondo de la habitación, ambos volteamos al mismo tiempo. Sobre un pequeño pedestal de mármol descansa un teléfono antiguo de color rojo. Los timbrazos son claros y a intervalos regulares. Me pregunto si debo contestarlo, la libélula me mira como adivinando mi pensamiento y en su expresión reconozco una afirmación, como si dijera “debes”. Me dirijo hacia ahí, pero no alcanzo a llegar, despierto en la madrugada. 

viernes, 31 de enero de 2014

Sueño sin moraleja


En mi sueño, veo una bizarra noticia en la tele en la que un diputado muere en circunstancias extrañas: su cabeza es aplastada hasta la muerte cuando un hombre que está realmente contento con el desempeño del político, le acaricia la mollera. Se trataba realmente de un político honesto a quien un bien intencionado ciudadano intenta agradecerle con un gesto su buen trabajo, ignorando que el diputado padecía una terrible condición congénita que volvía sus huesos extremadamente frágiles.
La escena en la que su cráneo es aplastado hasta que eso deja de parecer una cabeza humana es repetida una y otra vez mientras la voz de fondo del conductor explica con detalle los pormenores del suceso sin asomo de respeto hacia el difunto o sus seres queridos. 

Al despertar tengo la sensación de haber aprendido una moraleja, aunque no consigo recordar cuál es.


sábado, 21 de septiembre de 2013

Contemplación de la niña pelirroja sentada frente a mí

Besada por el fuego, como les llaman los pueblos libres del frío, lejano y salvaje norte a quienes tienen el cabello encendido en tonos sangrantes, esto según un autor que me gusta. La veo, el rostro más pequeño que soy capaz de imaginar, las manos más tiernas, los gruesos lentes ocultando unos diminutos ojos llenos de sueños coloridos, las pecas cubren sus mejillas sin orden aparente, en una marcha de hermoso caos. Sonríe tímida en un campo de flores y plantas carnívoras mientras recoge sus escarlatas cabellos con un listón que huele a fresas con crema. La baña la luz de un crepúsculo que no se mueve, que permanece ahí, eterno e inmóvil. El sol no quiere dejar de verla.

Sonríe y se sienta a escribir en una pequeña libreta. Escribe los sueños que tuvo un ratón la noche en que su madre murió. Escribe la oración que una niña huérfana dedica a su abuelita imaginaria. Escribe las vicisitudes de la pequeña oruga que cruza de una hoja a otra para hacerse capullo. Escribe los nombres secretos de las rocas, del viento, de cada gota de agua que contiene el vaporoso océano. Ella escribe sin mirar al mundo, a este o a cualquier otro mundo al que ella haya llevado a pasear a esa su sonrisa dulce y enigmática, y así lo seguirá haciendo con esos ágiles y diminutos dedos hasta que su nombre se haya olvidado. Si es que alguna vez alguien lo supo. 

domingo, 25 de agosto de 2013

Gris

Quise ser blanco, brillante, que mi luz iluminara el camino de los perdidos, cual faro en la bruma, como estrella en altamar. Quise despedir fulgurantes destellos. Nieve de Enero. Amanecer en la Antártida. Seda nívea. Papel vacío. Polar blancura. Color de hueso. Quise ser blanco. Pero fracasé, solo supe ser gris.
Así que quise ser negro, oscuro, sombra que enceguece al caminante, abismo en el que se pierde el galeón, como noche sin luna. Quise renegrear mí alrededor. Carbón apagado. Caverna kilométrica. Brea goteante. Vidriosa obsidiana. Cósmica oscuridad. Color de cuervo. Quise ser negro. Pero no lo conseguí, solo supe ser gris.
Intenté pintarme de muchos colores entonces. Intenté ser un arco iris magnífico. Que el rojo, el púrpura, el azul, el verde, recorrieran mi ser. Magenta en las venas. Escarlata en la piel. Cerúleos colores reflejados en los ojos. Dedos dorados. Purpúreos los oídos. Verdosa la cabellera. Quise tener tantos colores en mí. Quise reflejar tantas tonalidades.

Pero lo cierto es que solo supe ser gris. Gris ceniza. Gris humo. Gris roca de río. Gris de metal. Gris de día nublado. Gris como yo.


viernes, 16 de agosto de 2013

El sueño de esta noche

Esta vez es corto porque es poco lo que recuerdo, y es más ya casi no recuerdo mucho de lo que sucedió. Estoy en una habitación oscura. Es de noche pero no identifico muy bien la hora exacta. No estoy solo, hay alguien conmigo. Es una presencia inquietante. Lleva un traje color negro muy bien planchado. Es extremadamente delgado, pero no es muy alto, deberá medir menos de 1.70. Lo realmente perturbador es su cabeza. Esta es redonda y grande, como un balón de basketball (quizá un poco más grande que este). Su piel es clara y amarillenta como la de un taiwanés. Su rostro es realmente desagradable. Los ojos son tan redondos como su cabeza y están como hundidos en las cavidades de su deforme cráneo. No encuentro características destacables en su nariz, pero su boca es enorme, tiene una inquietante sonrisa en la que muestra sus enormes dientes amarillentos.
Si conversamos antes de otros temas no lo recuerdo. Solo llega a mi memoria el momento en el que a mi pregunta de “¿quién eres?” Él responde sin dejar de sonreír: “soy un sueño”.
—Pero no te ves bien— le digo yo.
—Soy un mal sueño— agregó con aire macabro.
Entonces desperté.
La habitación sigue oscura y sigue siendo de noche. Y sigue habiendo algo aquí. O más bien alguien. Giro la mirada y lo veo ahí sentado. Es ese mismo sujeto mirándome con sus redondos ojos que parecen no tener párpados y dedicándome esa terrible sonrisa suya.
—Te he dicho que soy un mal sueño.

Y despierto de nuevo. Esta vez de verdad. Aunque la habitación continúa oscura. 











(De mi colección de sueños escritos desde el 2009)